miércoles, agosto 08, 2007

SABOR VIDA, SABOR TRABAJO...




Empezaremos, naturalmente, preparando el ambiente con esta plática de tipo esotérico. Espero que los hermanos pongan toda su atención.
Es necesario comprender la necesidad de aprender a vivir. Las experiencias de la vida diaria son muy útiles; desafortunadamente las gentes las repudian, las enjuician, las detestan, etc. Muchos se quejan de sí mismos y de los demás, y se asombra uno de ver cómo es que las gentes subestiman las experiencias. Nosotros debemos actuar a la inversa: tomar las experiencias para nuestra propia auto-realización: ellas, en sí mismas, pueden ofrecernos material didáctico suficiente como para el desarrollo de la Esencia, o en otras palabras, para el crecimiento anímico.
Así pues, las experiencias resultan ciertamente magníficas en todo sentido. No es posible sacar material didáctico para el desarrollo de la conciencia de cualquier otro lugar que no sea de las experiencias, por eso es que quienes las repudian, o quienes protestan contra las dolorosas experiencias de la vida, obviamente se privan de lo mejor: se privan, precisamente, de la fuente viva que puede conducirlos al robustecimiento de la vida anímica.
Cuando uno toma las experiencias como material didáctico para su auto-realización, descubre sus propios defectos psicológicos, porque es en relación con la humanidad, es en relación con nuestros familiares, es en relación con nuestros compañeros de trabajo, en la fábrica, en el campo, etc., como nosotros, mediante las experiencias, logramos el auto-descubrimiento. Obviamente, las experiencias son las que nos hacen aflorar nuestros propios errores. En presencia de nuestros insultadores, por ejemplo, aflora el "Yo" de la ira; en presencia del vino aflora el "Yo" de la borrachera; en presencia de personas del otro sexo, si no estamos alertas y vigilantes como el vigía en época de guerra, aflora la lujuria.
Así pues, resultan útiles las experiencias para conocernos a sí mismos. Obviamente, lo principal es no identificarnos con ningún acontecimiento, con ningún evento, con ninguna circunstancia; necesitamos aprender a ver los distintos eventos y circunstancias sin identificarnos con los mismos; necesitamos aprovechar cada experiencia, por dolorosa que sea, para el auto-descubrimiento.
Cuando uno se está observando a sí mismo, ve cuan útiles son las experiencias. Si nos retiráramos a una caverna solitaria sin habernos auto-descubierto, sin habernos conocido a sí mismos, sin haber disuelto el "Ego", el resultado sería el más absoluto fracaso. En los Himalayas, muchos anacoretas vivieron en cavernas y hasta desarrollaron algunos shiddis, es decir, poderes; esos ermitaños, a base de rigurosas disciplinas esotéricas, consiguieron el Samadhí y gozaron entonces con el mismo penetrando en el Alaya del Universo, y hasta perdiéndose por instantes en el supremo Parabrahatman. Lo que sucedió realmente fue, que entrenados en las más diversas, disciplinas de la mente, tales cenobitas lograban desembotellar la Esencia, la conciencia, y ésta, en ausencia del "Ego", vino a experimentar eso que no es del tiempo, eso que esta más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente. Embriagados, pues, con el "soma" del Samadhí, se creyeron Mahatmas, nunca trabajaron sobre el "Ego", jamás se preocuparon por desintegrar los diversos agregados psíquicos, sólo se especializaron en la Yoga de la Meditación. Ya desencarnaron, y como quiera que indubitablemente se habían hecho atletas de la ciencia del Dhyana o meditación, la Esencia, momentáneamente, pudo hasta penetrar en los planetas del Cristo, flotar en el ambiente de tales planetas que son de naturaleza espiritual, desafortunadamente sin poder ingresar a las corporaciones de dichos mundos. Pasado el éxtasis, la Esencia volvió otra vez al "Ego", al interior del "mí mismo"; posteriormente retornaron, regresaron, se reincorporaron, y ahora son en el mundo occidental personas vulgares, comunes y corrientes, en tanto en el Oriente, en el Tíbet, se les sigue aún venerando como a "santos".
Es necesario entender la necesidad de desintegrar el "Ego", y no sería posible esto si no aprovecháramos las duras experiencias de la vida. Hay personas, también, que después de un trabajo de observación constante, con los distintos eventos de la existencia, se olvidan del trabajo; entonces las experiencias vuelven a ser tomadas como antes.
Cuando uno toma las experiencias de la vida como un medio para llegar a un fin, como un medio para el auto-descubrimiento, como un medio para la auto-observación, puede saborearlas; el sabor del trabajo es algo maravilloso, le da a uno una exquisitez inefable. Cuando uno descubre que tiene tal o cual defecto psicológico y lo elimina, entonces viene a saborear el trabajo, es un sabor inconfundible; pero cuando uno, después de haber trabajado, abandona el trabajo sobre sí mismo y vuelve a tomar las experiencias dé la vida tal como antes, es decir, vuelve a reinvertir el sentido de las experiencias, entonces, indubitablemente, sentirá otra vez el mismo sabor de la rutina diaria, el mismo sabor a vida de siempre.
Hay pues que distinguir, claramente, entre el sabor trabajo y el sabor de la vida rutinaria. Por eso yo les digo a ustedes, mis caros hermanos: no huyan de las experiencias de la vida, aprovechen hasta la más simple experiencia para el auto-descubrimiento. Cualquier evento, por insignificante que sea, nos permite el auto-conocimiento, porque precisamente es en relación con las distintas gentes como viene uno a auto-descubrirse, a descubrir sus propios errores...; es que afloran tan solos, tan espontáneos, que basta estar en estado de alerta para verlos. Defecto descubierto debe ser trabajado, debe ser enjuiciado, debe ser analizado correctamente, debe ser comprendido a través de la técnica de la meditación.
Posteriormente, viene la ejecución, la disolución. Cualquier agregado psíquico puede ser disuelto con la ayuda de Devi Kundalini Shakti, nuestra Madre Divina. Si nosotros le suplicamos que elimine de nuestro interior el agregado psíquico que hemos comprendido. Ella así lo hará: lo desintegrará, y quedaremos libres de tal defecto. ¡Cuan dichoso se siente uno cuando elimina de sí mismo algún defecto: siente uno como si le hubieran quitado una abrumadora carga de encima! ¡Cuánta dicha! Y a medida que los distintos agregados psíquicos se van desintegrando, la Esencia, el Budata va siendo liberado, y cuando todos los agregados han sido reducidos a polvareda cósmica, desaparece la conciencia egoica y sólo queda la conciencia limpia del Ser, la conciencia prístina, original. Así pues, bien vale la pena que aprovechemos las experiencias prácticas de la vida para el auto-descubrimiento; sin ellas no sería posible el auto-descubrimiento.
Aquellos ermitaños que en tiempos idos se encerraron en las cavernas para meditar, alimentados por ahí con hierbas, con raíces del bosque, consiguieron hacerse atletas del Samadhí; algunos lograron hasta el Satori, el Vacío Iluminador irrumpió en sus mentes, mas nunca pudieron realizar en sí mismos el Vacío Iluminador: una cosa, mis queridos hermanos, es experimentar el Vacío Iluminador y otra cosa es, en verdad les digo, realizar en sí mismos al Vacío Iluminador. Hubo santos, místicos, ermitaños en el Oriente que experimentaron el Vacío Iluminador, pero como quiera que no trabajaron sobre sí mismos, como quiera que no eliminaron los agregados psíquicos, no pudieron realizar en sí mismos el Vacío Iluminador. Experimentar la naturaleza del Vacío Iluminador es útil. mis queridos hermanos, muy útil: pero si solamente nos quedamos en ese estadio del Ser, y no auto-realizáramos interiormente el Vacío Iluminador, habremos perdido el tiempo lamentablemente. No podríamos verdaderamente realizar en sí mismos el Vacío Iluminador, si antes no trabajáramos desintegrando el "Ego", el "mí mismo", el "sí mismo". Así que vale la pena reflexionar profundamente en todas estas cosas.
A medida que nosotros vayamos desintegrando en sí mismos al "Ego", la conciencia se irá liberando, y cuando hayamos logrado la desintegración absoluta del mí mismo, la conciencia estará absolutamente liberada: entonces el Vacío iluminador habrá sido realizado en cada uno de nosotros.
Sólo aquellos que han realizado en sí mismos el Vacío Iluminador, pueden vivir en los planetas del Cristo. Sepan ustedes que alrededor de cada sol que nos ilumina, giran los planetas del Cristo; ellos son de naturaleza espiritual, no material. Hay dos naturalezas: la una es mutable, pasajera, perecedera, es la naturaleza del mundo físico; más hay otra naturaleza: la naturaleza de los planetas del Cristo, que es inmortal, inmutable, imperecedera, terriblemente divina. En esos planetas viven las humanidades divinas, dentro de cada criatura de esas, mora el Cristo; el Cristo resplandece en cada criatura. Pero intentar convertirse en habitante de los planetas del Señor sin haber eliminado el "Ego", es absurdo; y querer eliminar el "Ego" renunciando a las experiencias de la vida, o protestando contra las mismas, o desesperando, o identificándose con cada evento, es estúpido, porque el material didáctico para la auto-realización, no sale de ninguna otra parte sino de las experiencias de la vida.
Así pues, tomemos cada experiencia, por dolorosa que sea, con alegría. Pensemos en que nos da el material didáctico suficiente para la auto-realización. No cometamos el error de identificarnos con ningún evento, mas tampoco cometamos el error de repudiar evento alguno; cada evento de la vida es útil.
Cuando hayamos disuelto la totalidad del "Ego", nuestra Mente Interior se habrá abierto. Ya les he dicho a ustedes que hay tres mentes, y hoy se los repito. A la primera podemos denominarla Mente Sensual; en ella está la "levadura de los saduceos", groseros y materialistas. La segunda es la Mente Intermedia; y la tercera es la Mente Interior. En la Mente Intermedia están las creencias de las distintas religiones, es la "levadura de los fariseos". Jesús el Cristo, dice: "Cuidaos de la levadura de los saduceos y de los fariseos", es decir, cuidaos de las doctrinas de los saduceos materialistas y de los fariseos hipócritas (esas son palabras del Evangelio del Señor).
¿Qué puede saber la Mente Sensual sobre lo real, sobre la verdad? ¡Nada! ¿Por qué? Porque ella elabora sus conceptos de contenido exclusivamente con los datos aportados por los cinco sentidos. La Mente Intermedia tampoco sabe nada de lo real; allí están las "doctrinas de los fariseos", y bien sabemos que ellos asisten a sus templos para que otros los vean; asisten a sus santos oficios o ritos para que otros digan de ellos lo mejor, mas nunca trabajan sobre sí mismos; fundamentan su religión exclusivamente en las creencias, y eso es absurdo.
Con la muerte del "Ego" se abre la Mente Interior, y ésta es distinta; ésta funciona, con los resortes de la conciencia, ésta recibe los datos de la conciencia superlativa del Ser, y con tales datos elabora sus conceptos de contenido. Como quiera que la conciencia trascendental y superlativa del Ser tiene poder para experimentar lo real, la verdad, obviamente la Mente Interior, al ser así informada, tiene buenos datos para elaborar sus conceptos de contenido. Por algo es que a la Mente Interior se le denomina Razón Objetiva, por algo es que a la Mente Sensual se le denomina Razón Subjetiva.
Quien tenga desarrollada la Mente Interior, conoce lo real, la verdad, conoce eso que está más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente: conoce los Misterios de la Vida y de la Muerte, no porque otros se los diga o se los deje de decir, sino por experiencia mística directa. Quien tenga desarrollada la Razón Objetiva, es un Iluminado. Mas hay seis grados de desarrollo de la Razón Objetiva: estos seis grados se conocen por los tridentes que existen en los cuernos. ¿A qué "cuernos" me estoy refiriendo? A los cuernos de plata de los Hierofantes, a los cuernos de Lucifer; este Lucifer no es, otra cosa que la reflexión del Logos en nosotros, la sombra del Señor ubicada dentro de nosotros mismos, dentro de nuestro Universo interior, para nuestro bien. ¿Podríamos acaso ascender hasta el Gólgota del Padre, por otro camino que no fuera el cuerpo de Lucifer, las espaldas de Lucifer? ¡Imposible! ¿Podría alguien, acaso, trabajar en la Forja de los Cíclopes sin el impulso de Lucifer? ¡Imposible! Lucifer da el impulso, y si nosotros sabemos clavar la lanza en su costado, lo vencemos; vencido el dragón, subimos usando su espalda como escalera. "La tentación es fuego, el triunfo sobre la tentación es luz". Si logramos vencer a Lucifer, subimos de grado en grado por su espalda; cada triunfo sobre Lucifer implica, de hecho, un peldaño en el ascenso, y así, de peldaño en peldaño, llegamos a la cumbre del Ser, subimos por la montaña del Ser.
Los seis grados de desarrollo de la Razón Objetiva están en los cuernos de Lucifer. Sí, allí está la marca. Quien tan solo tenga un tridente en esos cuernos, no ha subido sino un grado; quien tenga dos tridentes, indica, un segundo grado de desarrollo en su Razón Objetiva; quien tenga tres, ha perfeccionado su mente hasta el tercer grado de su Razón Objetiva; pero quien tenga los seis grados, los seis tridentes en sus cuernos, habrá alcanzado la perfección absoluta en la Razón Objetiva del Ser; habrá llegado al sagrado Anklad, y podrá permanecer en él, será perfecto, y todos los Coros de las Egolatrías de este Universo, los Cuatro Grandes Coros o Grupos, le obedecerán y venerarán. Tener los seis grados de la razón Objetiva es haber llegado a la absoluta Iluminación, al conocimiento objetivo absoluto -sin lagunas- de los Misterios de la Vida y de la Muerte, de los Misterios del Logos, de los Misterios del Abismo y, del Cielo; es haber abierto completamente su mente a lo real; por eso, quien llega al sexto grado puede reposar en el sagrado Anklad. Quien llegue al sexto grado se encuentra tan sólo a tres grados de la Infinitud-que-todo-lo-sustenta, y esto hay que saberlo entender. Quiero, pues, que los hermanos reflexionen profundamente en esto.
Mucho se ha hablado sobre los "chacras", discos o ruedas magnéticas del cuerpo astral. ¿Son útiles? Sí, son útiles; pero todas esas ruedas, chacras o discos magnéticos, etc., a pesar de ser tan maravillosos -pues nos permiten las extra-, percepciones- resultan en verdad como míseras bujías de sebo ante la Razón Objetiva del Ser. Puede la clarividencia, por ejemplo, ser muy hermosa: ¿Quién negaría los poderes intrínsecos de los chacras? ¿Quién negaría los poderes intrínsecos del Ajna chacra? Mas ellos, en sí mismos, son como el fuego de un cerillo comparado con la luz del sol; así son si los comparamos con la iluminación que da la Razón Objetiva del Ser.
De manera que, ¿cuál es el máximo o los máximos poderes que el anacoreta gnóstico puede lograr? ¿Estarán en los chacras? ¿Dónde estarán? En verdad, hermanos, les digo que no están en los chacras... Entonces, ¿dónde están? Les digo, en verdad: están en la Razón Objetiva del Ser. Mas, para perfeccionar la Razón Objetiva del Ser se requiere la eliminación de los elementos subjetivos de las percepciones, o en otros términos, la eliminación de los diversos "yoes". Si así procedemos, si nos resolvemos a pasar por la aniquilación budista -tan temida para los señores del teosofismo- entonces, y sólo entonces, podremos reposar, en verdad, en el sagrado Anklad.
Hay dos psiquismos: el inferior, que está relacionado con los chacras, y el superior, que pertenece a la conciencia trascendental y superlativa del Ser, a los valores étnicos de lo divinal, de lo trascendental, a la cultura universal, espiritual, divinal...
¿Que el psiquismo inferior no cumpla finalidades? Sería absurdo negarlo: sí cumple algunas finalidades. ¿Que el desarrollo de los chacras sea inútil? No digo así, no pienso así; es útil hasta cierto punto, pero no es todo... Cuando uno ha despertado conciencia y ha abierto en verdad la Razón Objetiva, y puede la Razón Objetiva o Mente Interior servir de instrumento a la conciencia, entonces la Iluminación del Ser es absoluta y supera a todos los chacras, pasa más allá de los chacras, entra en el terreno del Superhombre, del Buda, del iluminado Buda.
Quiero que los hermanos comprendan este aspecto intrínseco, tan profundo; quiero que entiendan también, por tal motivo, la necesidad de pasar por la aniquilación budista. Si así lo hicieren, no les pesará: abrirán su Mente Interior y llegarán a poseer la Iluminación. No quiero decir que antes no sea posible la experiencia del Vacío Iluminador; es posible, pero como ya les he dicho a ustedes, una cosa es la experiencia del Vacío Iluminador y otra es la realización íntima del Vacío Iluminador. Cualquier anacoreta puede experimentar el Vacío Iluminador, pero eso no implica forzosamente la auto-realización íntima del Vacío Iluminador. Nadie podría realmente auto-realizar el Vacío Iluminador en sí mismo, en tanto no haya eliminado o desintegrado todos esos agregados psíquicos inhumanos que llevamos en nuestro interior. Vale la pena que comprendamos todo esto, que reflexionemos profundamente.
En el proceso de desintegración del "Ego" hemos de sangrar profundamente, y necesitamos lavar nuestros pies con la sangre del corazón si es que queremos quedar completamente puros. La Auto-realización íntima del Ser es muy grave, gravísima; ha de pasar uno por torturas, espantosas: muchas veces tiene uno que renunciar a lo que más ama, tiene uno que estar siempre dispuesto a perder lo más querido y, repito, lavar sus pies con la sangre del corazón. Necesita uno convertirse en algo diferente, en algo distinto; hasta la misma identidad personal ha de perderse. Esto quiere decir que un día habremos de buscar nuestra misma identidad actual y ya no la hallaremos, se habrá perdido para nosotros mismos, porque nosotros nos habremos convertido en algo diferente. Necesitamos volvernos distintos, diferentes, cambiar radicalmente; pero, ¿cómo podríamos cambiar totalmente si conserváramos nuestra actual identidad?
En este camino, mis queridos hermanos, hay procesos dolorosos, muy dolorosos; el que quiera empezar con éxito, debe comenzar con algunos sacrificios físicos, disciplinarios. Yo empecé, en mi actual existencia, caminándome algunos países enteros a pie, sin cinco centavos entre la bolsa, durmiendo en las montañas, envuelto en mis propios trapos para desafiar la plaga, llegando a los pueblos sin dinero, o bien acostándome por ahí, debajo de los aleros de las casas, cuando tenían tales techos o aleros, porque ahora las edificaciones se han vuelto tan crueles que si le cae a uno la lluvia no tiene más remedio que soportarla. ¡Así es la crueldad de estos tiempos! Y no me pesa haber caminado sin dinero países enteros, no me pesa haber sufrido la tormenta y los huracanes, no me pesa haber llegado a pueblos donde nadie me conocía y sin un céntimo entre la bolsa. Así empecé, y mucho que me sirvió. Yo empecé en una forma natural; mi Padre que está en secreto quiso que así empezara, y así empecé; a otros les ha tocado empezar así, porque su Gurú así lo ha establecido para su bien.
Conozco el caso de un Gurú de ojos negros, penetrantes, y mostachos negros, que organizó a sus discípulos para una caravana. Recorrió países enteros para llegar a Persia desde Rusia: caminar por ahí, entre la nieve, mujeres, hombres, algunos con los pies descalzos, sangrando, durmiendo en las montañas, expuestos a los lobos, pero firmes en la disciplina; hasta llegar a ese país de Persia, sencillamente para encontrar una casa desocupada donde vivir... ¡Tonterías!, diría cualquiera. ¿Cómo es posible un viaje, con un grupo de personas que están sufriendo, a través de las montañas y del hielo, durmiendo por la noche en las selvas, expuestos a los lobos y al invierno? ¿Con qué objeto? -Incongruente, parecería- ¿Para llegar, por último, a una casa que había alquilado? Pues para hacerlo no se necesita de todo eso; se podría haber hecho el viaje en un maravilloso automóvil o en un avión... El Gurú sabía lo que hacía: si el discípulo viraba a la derecha, el Gurú lo halaba a la izquierda, y si el discípulo halaba a la izquierda, el Gurú, como al caballo, le halaba las riendas para que viraba hacia la derecha... Y a sufrir un poco; esos discípulos se forjaron desde un principio en la dura disciplina, y resultaron magníficos.
A mí me tocó también forjarme, en principio, en esa dura disciplina; mi Padre que está en secreto, así lo quiso. No lo había entendido; mucho más tarde, en el tiempo, lo entendí: que él había seguido conmigo el mismo proceso que han seguido todos los Gurujís de los tiempos idos, sometiendo a los estudiantes, primero que todo, a esas duras pruebas, y no hay duda de que fueron magníficos los estudiantes que por las mismas pasaron.
Así, queridos hermanos, tiene uno que ir eliminando de sí mismo muchas pésimas costumbres, hábitos adquiridos que uno mismo ignora que los tiene: movimientos mecánicos sin sentido, etc. Tiene uno que hacerse consciente de todos sus gestos y actitudes, y eliminar lo que no sirve; todo esto requiere una observación muy rigurosa de sí mismos. En principio es conveniente esa dura disciplina de los viajes dolorosos y cruentos, de las torturas del camino, a fin de forjarse desde un principio como debe forjarse: en la lucha.
Se requiere no desmayar, pues, en la cuestión de la auto-observación psicológica. En la medida en que uno se vaya auto-observando, va descubriendo cuantos "yoes" tenía, "yoes" que ignoraba que tenía...
Uno mismo se queda asombrado cuando se auto-descubre. ¿Qué diríamos de un caballero honrado, sincero, trabajador, magnífico ciudadano, intachable, incapaz de quitarle un céntimo a nadie, que de pronto descubra que en el fondo de sí mismo posee unos cuantos "yoes" ladrones? ¡Imposible -diría cualquiera-, imposible! No, en esto no hay nada imposible... ¿Y qué diríamos de una dama honesta, magnífica esposa, virtuosa, entregada a su hogar, que de pronto, auto-explorándose profundamente, descubriese en el fondo de sí misma, toda una legión de "yoes" prostitutas? ¡Incongruente -dirían muchos al oír una explicación de estas-, qué ilógico, qué paradójico! Pero en el terreno de la Psicología profunda, todo esto es posible. En el fondo de cada uno de nosotros hay una creación equivocada: "yoes" de los antiguos tiempos, "yoes" que personifican errores espantosos, y lo más grave es que dentro de los mismos esté embotellada la conciencia, siempre ella enfrascada, siempre procesándose en virtud de su propio embotellamiento.
¿Y cuál es el peor obstáculo que existe para la disolución del "Ego"? ¿Cuál será el peor inconveniente? ¡Lujuria! Sí, es una palabra terrible, mas, ¿quién no la tiene?, ¿quién de los aquí presentes podría decir que nunca ha tenido lujuria? ¡Cuan difícil es desarraigarla de sí mismos!
Cuando nosotros analizamos cualquier "Yo" de lujuria, venimos a evidenciar que se procesa en cada uno de los tres cerebros, en forma diferente. En el cerebro, dijéramos, puramente emocional, se expresaría como amor; en el cerebro puramente motor-instintivo-sexual, a través del erotismo; en el cerebro exclusivamente intelectual, como planes, proyectos relacionados con el amor, o con el ser que se ama o que se cree amar; sin embargo, he ahí que todos no son sino fenómenos de un mismo "Yo" que se llama "lujuria". Pero vean cuan distinto se manifiesta en el cerebro intelectual, qué otra forma asume en el corazón, y por último, cuál es su modus operandi en el centro motor-instintivo-sexual. Repito: en el centro motor-instintivo-sexual, como pasión animal; en el corazón, la lujuria asume otra forma que podríamos denominarla como "amor", y en el intelecto asume otra forma, como proyectos relacionados con ese "amor", como recuerdos de ese "amor". Y así, cada "Yo" tiene sus tres cerebros: el intelectual, el emocional y el motor-instintivo-sexual; cada "Yo" es una persona con sus tres cerebros, eso es obvio. Así pues, que dentro de nuestra persona hay miles de personas, y cada una de ellas está organizada con sus tres cerebros; nuestra personalidad no es más que una marioneta halada por hilos invisibles. Y hay "yoes" muy difíciles de arrancar de sí mismos, de desintegrar, "yoes" que se confunden con la espiritualidad y con el amor... Se necesita tener, dijéramos, "ojo clínico" para verse a sí mismo, disponer siempre de ese bisturí finísimo de la auto-crítica para abrir todo lo que uno tiene y hacerle la disección a sus valores; sólo así se puede saber, realmente, qué es lo que uno tiene de verdad.
Se necesita mucha observación, mis caros hermanos; somos espantosamente débiles y nos creemos muy fuertes, somos criaturas deleznables, exageradamente perversas. Nada podríamos hacer si no tuviéramos una ayuda; obviamente la tenemos: contamos con el poder de la Serpiente Sagrada, de la Divina Madre Kundalini; sólo ella puede de verdad asistirnos para desintegrar los "yoes"; sólo ella, con sus flamas, puede reducir a cualquier "Yo" a polvareda cósmica. Mas intentar desintegrar los "yoes" sin contar con la ayuda de Devi Kundalini Shakti, es condenarse uno a sí mismo al fracaso, y eso es muy grave.
Alguien, cuyo nombre no menciono, cometió el error de atribuirle a la serpiente ascendente, todas las características siniestras e izquierdas de la serpiente descendente... Hay dos serpientes: la que sube y la que baja. La que sube es la Kundalini; Ella se abre paso por el canal de Sushumna, a lo largo de la médula espinal, dorsal, y llega hasta el cerebro y posteriormente al corazón; la otra, la que baja, se precipita desde el coxis hacia los infiernos atómicos del hombre: es el abominable órgano Kundartiguador, o la serpiente Pitión que se arrastraba por el lodo de la tierra y tuvo poder para hacernos caer en el error; la otra, la ascendente, es diferente: tiene poder para liberarnos del error.
En el pasado, es claro que algunos individuos sagrados se equivocaron e implantaron en la naturaleza del ser humano el abominable órgano Kundartiguador; pero, ¿cómo haríamos nosotros para ser salvos? Habrá que implantar en el organismo humano otro órgano como el del Kundartiguador, pero que sea positivo, luminoso, antitético, opuesto al Kundartiguador... Existe, ese órgano, y es la Kundalini. La misma palabra lo dice: Kundalini; "Kunda" nos recuerda al abominable órgano Kundartiguador; "Lini" significa "Fin" (fin del órgano Kundartiguador). Esto es, ascendiendo la Serpiente Kundalini, el abominable órgano Kundartiguador queda reducido a polvareda cósmica.
En el Génesis aparece la Serpiente Tentadora del Edén, la horrible Pitión con siete cabezas, que se arrastraba por el lodo de la tierra y que Apolo, irritado, hirió con sus dardos. Ese es el abominable órgano Kundartiguador. Mas también aparece, en la sabiduría antigua, Moisés y la serpiente de bronce que se enroscaba en la Tau, o Lingam generador; esa es la Kundalini.
Gurdjieff cometió el error de confundir a la Kundalini con el Kundartiguador, a la serpiente que sube con la que baja, y atribuyó a la que sube todos los siniestros poderes tenebrosos de la serpiente descendente. He ahí su error, y ahí la causa por la cual sus discípulos no lograron disolver los "yoes"; esa fue su gran equivocación. A base de mera comprensión no es posible disolver los "yoes". No niego que con "el cuchillo de la conciencia", comprendiendo vivamente cualquier "Yo", podemos separarlo de sí mismos, de nuestra psiquis, pero eso, mis queridos hermanos, no es suficiente, porque el "Yo" separado de nuestra psiquis continuará vivo, no se resignará a permanecer lejos de casa, intentará una y otra vez volver a ocupar su lugar, se convertirá en un demonio tentador. Hay que desintegrar el "Yo" que con el "cuchillo de la conciencia" hayamos separado de sí mismos, y nadie puede desintegrarlo con otro poder que no sea el poder de la Divina Madre Kundalini; sólo Ella puede reducirlo a cenizas, a polvareda cósmica.
Así pues, lo fundamental, mis queridos hermanos, es morir en sí mismos definitivamente, para poder abrir la Mente Interior y gozar de la Razón Objetiva, que es cognición verdadera de lo real, experiencia íntima del Ser, visión búdica trascendental, divinal, más allá del cuerpo, de los afectos y de la mente subjetiva.
A medida que ustedes vayan digiriendo todo esto, irán comprendiendo también la necesidad de vivir alertas y vigilantes, como el vigía en época de guerra, trabajando siempre en forma constante. Así como están, como se encuentran en estos precisos momentos, ustedes no sirven para nada: tienen una creación equivocada manifestándose a través de una falsa personalidad; espiritualmente están muertos, no tienen realidad ninguna. Así como están, todos ustedes deben dejar de existir, porque si continúan existiendo así como están, tendrán que ingresar a la involución mineral de las entrañas de la Tierra; así como están, están muertos espiritualmente, no poseen la Razón Objetiva del Ser, no han conseguido la Iluminación, yacen como sombras entre las profundas tinieblas. ¿Cuál es la realidad de ustedes? ¡Sombras y nada más que eso: sombras! Necesitan abrir la Mente Interior, pero para ello tienen, que dejar de existir como míseras sombras, tienen que volverse despiadados consigo mismos, porque hoy por hoy ustedes se quieren mucho a sí mismos, se auto-consideran demasiado. Pero, ¿qué es lo que ustedes quieren?, ¿su querido "Ego"?, ¿su desnudez?, ¿su miseria interior?, ¿las tinieblas en que se hallan? ¿Eso es lo que quieren?...
¡No, hermanos, reflexionen profundamente, reflexionen! Deben dedicarse a trabajar intensamente sobre sí mismos, deben comprender el proceso de la lujuria, que es el peor enemigo de la eliminación del "Ego", el peor enemigo de la disolución... ¿Quién no la tiene?, ¿quién no la ha tenido? Sin embargo, hay que reducirla a cenizas... ¿Algún hermano tiene algo que preguntar?
P.- A Gurdjieff se le llama "Maestro". ¿Él trabajó en la Novena Esfera, o sólo trabajó en la comprensión del "Ego"?
R.- Trabajó en la Novena Esfera; fabricó los Cuerpos Existenciales Superiores del Ser, pero no logró la disolución total del "Ego", porque rechazó a su Divina Madre. ¿Cómo puede disolver el "Ego" el hijo ingrato? El hijo ingrato no progresa en estos estudios. Primero que todo, antes de llegar al Padre, tenemos que llegar a la Madre, eso es obvio. ¿Algún otro hermano tiene algo que preguntar en relación con el tema?
P.- Maestro, ¿por qué siendo Gurdjieff discípulo suyo, no conocía que el único camino para la disolución del "Ego" era con la Divina Madre Kundalini?
R.- Se olvidó de su Madre. En antiguas existencias estuvo bajo mi instrucción, pero en su existencia última, pues él, como quiera que estaba lejos de mí, se olvidó también de su Divina Madre. ¡Ese fue su error, ése! Sin ese poder fohático nadie puede desintegrar los agregados psíquicos; porque uno, por sí solo, no puede lograr nada. El cuchillo de la conciencia le permite a uno separar a los "yoes" que ha comprendido, separarlos de su psiquis, pero eso no significa disolución. Repito: tales "yoes" lucharán incesantemente para volver a acomodarse dentro de la máquina orgánica...
¿Hay algún otro hermano que tenga algo que preguntar?, No quiero que ustedes dejen de preguntar, porque si uno no pregunta, no comprende; hay veces que es necesario preguntar. Parsifal, en su primera llegada al Castillo del Montsalvat trascendente, no llegó a ser Rey del Grial por no haber preguntado el por qué de los dolores de Amfortas; de manera que siempre hay que preguntar. Hable, hermano.
P.- Maestro, ¿cuántos procesos se requieren para, llegar a adquirir la Razón Objetiva del Ser?
R.- Para llegar a la Razón Objetiva hay seis grados. Obviamente, la Razón Objetiva tiene seis grados, pero el más elevado de los seis grados pertenece al sagrado Anklad, y se encuentra a tres pasos de la Infinitud-que-todo-lo-sustenta. Ahora, ¿cuántos procesos: dices? Tienes primero que morir completamente en tí mismo; si no desintegras el "Ego", no desarrollas la Razón Objetiva. Pero a medida que vas avanzando profundamente en la destrucción del "mí mismo", la Razón Objetiva del Ser se va abriendo; cuando logres el ciento por ciento de disolución del "Ego", la Razón Objetiva del Ser, en tí mismo, habrá llegado a la plenitud de la perfección; entonces estarás iluminado, iluminado absolutamente, y conocerás por experiencia vivida, directa, todos los misterios del Universo, nada ignorarás y tendrás todos los poderes del Cosmos. Esto está más allá de los chacras; los chacras, repito, no son sino como pálidas luces ante la luz del sol; útiles, pero muy incipientes...


VENERABLE MAESTRO SAMAEL AUN WEOR...